Abrázame fuerte, para que pueda sentir lo que es la pasión en tus brazos y la felicidad de tus labios, mírame profundo, para que mirándote me enamores y con una caricia te entregue mi vida.
Cuenta los días en que no te enojaste. Yo acostumbraba a enojarme todos los días. Después cada tres y luego cada cuatro. Quien logre estar un mes sin enojarse, bien puede ofrecer un sacrificio de acción de gracias a los dioses.
Tendría que cerrar los ojos, tendría que quedarme ciego y no recordar más que la imagen de tu ternura, debería guardar toda tu belleza en un pensamiento y no volver a ver más que tu luz, la que me enamoró.
Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.

