Que los puestos públicos no se compran ni se heredan sino que deben merecerse, que la política no es el negocio de unas cuantas familias, que hay un montón de gente que quiere ver más autopistas, más escuelas, más aeropuertos, más acueductos; menos falsos positivos, menos contrataciones irregulares, menos congresistas gordos y mezquinos, menos gente que brinca del hambre en los semaforos, menos ladrones de cuello blanco, menos promesas incumplidas y contratos sin ejecutar.
Los analistas políticos no se equivocan: Los votos de Antanas son votos esencialmente jóvenes. Por primera vez desde que tengo uso de razón alcanzo a percibir,un tufillo a esperanza. Una ola verde se avecina, dicen, una ola que se alimenta (en parte) de la gente que cree todo lo que aparece en Facebook.
Antanas Mockus, el de los pantalones en el piso, el de la guerra de agua, el de la guerra de harina, el de los mimos, el de la ley zanahoria, el que cambió a Bogotá...
Antanas Mockus, el de los pantalones en el piso, el de la guerra de agua, el de la guerra de harina, el de los mimos, el de la ley zanahoria, el que cambió a Bogotá...
Aquí veras un vídeo de una entrevista a Adriana Córdoba, una inteligente mujer a la que queremos como nuestra primera dama.
www.youtube.com/watch
Brillante...
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Brillante...
Esta vez Antanas no se presenta a sí mismo como el loco del sombrero extraño de hace algún tiempo; parece haber aprendido muchas cosas en el camino y la gente lo nota y las encuestas lo favorecen cada vez más. Sus símbolos son ahora cada vez más sutiles y parece no necesitarlos: Resulta que él se ha convertido, en sí mismo, en un símbolo que nos remite a la idea de que la pedagogía, la educación y la honestidad tambien son un camino posible.
Los que votamos verde sabemos que quien no vote por Mockus perderá una oportunidad histórica para decirle a los políticos de profesión, a los compradores compulsivos de votos, a los saqueadores del erario público, a los caciques políticos de pueblos polvorientos, a los paraquitos de camioneta gigante, a los mamertos con ambiciones despóticas y a toda la fauna nacional que se alimenta sistemáticamente de nuestros sueños, que la idea de Colombia puede sobrevivir a pesar de ellos
Colombia, esa extensión de tierra que comienza en la Guajira y termina en el Amazonas, esa idea ficcionada y romántica, puede repentinamente convertirse en un proyecto viable (en un sueño lúcido) si el loco, el barbudo, el errático, el transparente, el sentimental, el genio, el Antanas Mockus... Si el Mockus gana las elecciones.

