Tussitala
Oír, desprovisto de vocación.
Palpar para no sentir.
Perjuicios anegados en el incógnito, carentes de denominación ni número de serie. Sublimes, incorpóreos.
Deambular por el cementerio de las esperanzas congeladas en la imprecisión.
Una clave de fa entona pentagramas de sensaciones in crescendo, delineadas en un lienzo por estrenar.
Ex abundantia cordis os loquitur.
Entorna la mirada al viento, bajo el filo del tártaro... resiste.
Traspiés. A las fauces de una deidad inconstante y caprichosa.
Palpar para no sentir.
Perjuicios anegados en el incógnito, carentes de denominación ni número de serie. Sublimes, incorpóreos.
Deambular por el cementerio de las esperanzas congeladas en la imprecisión.
Una clave de fa entona pentagramas de sensaciones in crescendo, delineadas en un lienzo por estrenar.
Ex abundantia cordis os loquitur.
Entorna la mirada al viento, bajo el filo del tártaro... resiste.
Traspiés. A las fauces de una deidad inconstante y caprichosa.
En el interior de cada alma impura,
corrompida por conquistas vánales.
Tras cada ojo vidrioso.
Nadando en la balsa de aceite
de la más etílica de las indiferencias.
Oculta en cada mirada huidiza,
en todo gesto nervioso.
Aderezada de sal y humo,
con banda sonora de cristales rotos
y arritmias cardíacas…
Hay metástasis de soledad entre las cuatro paredes
de la ruidosa taberna de la vida,
y ruinosos son los espectros que allí moran condenados.
corrompida por conquistas vánales.
Tras cada ojo vidrioso.
Nadando en la balsa de aceite
de la más etílica de las indiferencias.
Oculta en cada mirada huidiza,
en todo gesto nervioso.
Aderezada de sal y humo,
con banda sonora de cristales rotos
y arritmias cardíacas…
Hay metástasis de soledad entre las cuatro paredes
de la ruidosa taberna de la vida,
y ruinosos son los espectros que allí moran condenados.
He disfrutado de oníricas redenciones a crímenes verídicos.
me he sublebado ante la pasiva crueldad
de aquellos que caminan sobre roca.
Dejé de ser un elemento más de la masa;
grité locuras, difundí rumores.
Mis ojos, ahora, se encuentran en el museo de los insumisos,
recibiendo su castigo por haber aprendido a ver.
Derramé sangre,
empapé mis manos en ella
para dibujar mis delirios en las paredes,
para escribir mi poesía.
me he sublebado ante la pasiva crueldad
de aquellos que caminan sobre roca.
Dejé de ser un elemento más de la masa;
grité locuras, difundí rumores.
Mis ojos, ahora, se encuentran en el museo de los insumisos,
recibiendo su castigo por haber aprendido a ver.
Derramé sangre,
empapé mis manos en ella
para dibujar mis delirios en las paredes,
para escribir mi poesía.

